
Os presento a Pancracia, mi dulce y soñadora rana, sin la que estos guebones me llevarían a la chingada de estar currando sin parar. Pancracia, cuando quiere que cese en mi actividad machacona, salta, salta, salta sin parar, hasta que los pendejos que me rodean levantan su botafogo del asiento para marchar a tomar café, comer o simplemente echar un pizarrín.
Tanto cariño le he cogido a Pancracia, que aquí la muestro, feliz, con esos ojitos saltones tan lindos, junto a mi queridísima y ya conocida por mi público salsa Doña María. Ay, mi chamaquitossss... qué feliz me siento en su patria!!
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